Videos porno o de sexo en vivo, dificil elección

Ahora que por fin puedo decir que he superado mi adicción a consumir porno online, me considero capacitado para dar algunas lecciones sobre ese mundo, sobre todo porque ahora ando probando otra clase de espectáculo pornográfico y me gusta hacer comparaciones porque, oye, no siempre son odiosas.

El caso es que hace unos días, un viejo amigo muy cachondo me invitó a tomar unas copas para recordar antiguas batallitas, y yo acepte encantado. Lo que no me dijo el muy cabrón es que iba a llevarme a un local de striptease, aunque casi que tenía que agradecérselo, porque si mi mujer hubiera tenido la más ligera noción de dónde íbamos, después del cambio de vida marital que habíamos tenido, hubiera puesto el grito en el cielo, y a lo mejor hubiera tenido que terminar con nuestra amistad. Pero hay que reconocer que era una puñalada trapera.

Y esto era, más que nada, porque yo todavía no me sentía tan seguro como para tener delante de las narices un espectáculo de sexo en vivo y no sufrir consecuencias. Claro que, realmente, aquello no era un espectáculo sexual, todo lo más pornográfico, porque no se practicaba ninguna clase de sexo; pero para acabar con ese consuelo, mi amigo me preguntó si quería que concertáramos alguno de los servicios VIP que proporcionaba el local, como el de encontrarnos con alguna de las bailarinas en un ambiente digamos más íntimo. Vamos, que si quería follar con alguna de ellas, y aunque la tentación fue grande, yo la resistí como un campeón.

La cuestión es que, después de regresar a casa más o menos con el orgullo intacto y sin haber cometido ninguna acción de la que avergonzarme, me quedé pensando en qué era capaz de excitarme más, si los videos online sólo considerados “porno”, o los que en realidad ofrecían una sesión de sexo en vivo. Realmente, nunca me había parado a pensarlo, porque para mí todos entraban en la misma categoría y me servían para lo mismo; pero ahora, con la distancia que da el tiempo, me entró la duda a esa pregunta, y quiso comprobarlo de primera mano, encendiendo mi pc enseguida y haciendo la prueba de fuego.

Tras unos 15 minutos navegando por webs porno, reconocí que, definitivamente, para mí la ficción del porno me ponía mucho más caliente que los vídeos caseros de sexo en vivo. Se ve que a mi líbido le altera mucho más lo que pueda imaginar que lo que realmente veo, aunque en la práctica sea la misma escena sexual; pero el ambiente del cine profesional para mí es mucho más excitante que el sexo entre personas reales. Imagino que esa era mi opción personal, y que cada una tiene la suya propia.

Y muy satisfecho conmigo mismo, fui a apagar el ordenador e irme a la cama para quitarme el calentón con mi mujer, cuando me di cuenta que ella estaba en la puerta de la habitación, con los ojos clavados en mi polla erecta.